Por fin terminaron los parciales y para mi suerte… ¡Mentira! Estudié mucho para salir bien, por si acaso, pues así me relajo para los finales, jijijijiiji.
Y para despejar un poco la cabeza, no tuve mejor idea que ir con Leti a su departamento (sus padres viven en provincia) y tomar unas chelitas mientras escuchamos música y chismeamos.
Latas van, latas vienen y la cabeza se entretiene… almohadazos van, almohadazos vienen y por culpa del trago los reflejos se pierden, terminé cayendo encima de mi amiga. Nuestras risas se debieron escuchar en todo el edificio pero eso nos valió poco, jijijijiji. Pero algo pasó pues nos quedamos mirando y una sensación curiosa en demasía nos inundó por completo pues se lo pude ver en los ojos como cuando sabes que alguien te miente; aunque esta situación era distinta pues no habían mentiras sino una verdad por descubrir.
Una de sus manos se deslizó por mis cabellos, jugando delicadamente con estos y la verdad es que nunca había experimentado esas cosas con tanta intensidad; luego sus dedos fueron cayendo por mi cuello hasta posarse sobre mi mejilla como una suave pluma.
Después de volver a la realidad unos instantes, le correspondí a sus afectos. Mi mano imitó su maniobrar y así, sentí la tersura y suavidad de sus cabellos y piel… mi mano blanca y delgada contrastaba hermosamente en su mejilla trigueña, lo que fue como un imán para mí.
Lentamente, casi con temor, nos fuimos acercando, sonriendo por lo que podría ocurrir, mi corazón bombeaba incontrolable, al igual que mi respiración que estaba a punto de colapsar. Nuestros alientos se mezclaban intoxicándonos de luz, nuestras narices se tocaron tímidamente… las mariposas se posaron batiendo sus alas cadenciosamente rompiendo el silencio en la habitación.
Nos alejamos unos instantes, tan solo para entender que un nuevo mundo se abría a nosotras.
Su boca buscó refugio en la mía una vez más, en un intercambio de salivas de lo más excitante para luego ir descendiendo por mi cuello. En menos de lo pensado estábamos en piel de ángel, con los sentidos adormecidos y las manos recorriendo cada centímetro de mujer.
La iniciativa en la exploración fue tomada por ella y yo, pues estaba dispuesta a atender muy bien las lecciones. Con sutileza me acostó y fue acariciando mi abdomen, mientras nos besábamos. Avanzando cada vez más hasta llegar a mi clítoris. Leticia me miró y susurró a mi oído: “¿Continuo?” y que fue respondido por una afirmación mía, rendida ahora a sus deseos. Acomodándose entre mis piernas, su respiración sensibilizaba mi vagina, en espera de lo inevitable. Y tal cual un trozo de algodón húmedo, se deslizó inspeccionando mis pliegues con minuciosidad.
Todo era un cúmulo de sensaciones distorsionadas y dispares, el tiempo parecía estático, ausente. Mientras navegaba por los mares de la lujuria.
Mi amiga se movió de manera tal que su tesoro quedó a la altura de mis ojos, no necesité que me dijera que hacer.
Sinuosos, nuestros cuerpos se entregaban libres y decididos a explorar en el sesentaynueve una mágica armonía hasta ese momento escondida.
martes, 29 de mayo de 2007
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